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  • Otra inversión de futuro. Las palabras mágicas del éxito.


    Los que me seguís soportando y regalando vuestra lectura sabéis que este blog es, en su visión más concreta, un blog sobre Forex (e incluso sobre Forex gestionado); pero en su versión más amplia es un blog en el que comparto mi experiencia en la búsqueda de formas sencillas de “ir a mejor”… en cualquier aspecto de la vida, sea o no monetario…

    Así que, el otro día, mientras echaba una charla a los peques de casa, me di cuenta de que todos nosotros, desde nuestra más tierna infancia, recibimos casi toda la información necesaria para aprender a tener éxito en nuestras vidas, pero con frecuencia la despreciamos, precisamente, por considerarla infantil o manida. Voy a concretar

    Si pensamos en cuales son las palabras mágicas que todos insistimos en que nuestros pequeños aprendan, son palabras que -transformadas en actitudes firmes- pueden realmente cambiar nuestra vida… no estoy de broma… y son palabras tan sencillas como las siguientes: “Por Favor”, “Gracias”, y “Perdón”.

    ¿Creéis que os estoy vacilando y esto es sólo una milonga para menores de edad?… Pues yo hablo en serio. Hechos consumados. Y ahí va el primer ejemplo: Hagamos de la palabra GRACIAS una actitud. Así, en lugar de ver que nuestros amigos no nos llaman, veamos que, si llamamos nosotros, ellos contestan con una sonrisa… en lugar de ver que tu pareja cocina de pena, piensa, “al menos es él-ella quien cocina a diario y me pone generosamente un plato caliente delante”… en lugar de pensar que tu madre es una vieja con manías, piensa que tienes suerte si todavía vive, porque nadie te dará un amor tan desinteresado como ella… en lugar de pensar que tus hijos dejan la casa como un zafarrancho, van a su bola y “pasan de ti como de comer mierda” (en su propio lenguaje), piensa que están ahí llenando la casa de ruido y alegría, y que -con ellos en casa- no queda un segundo para la paz, pero tampoco para el aburrimiento…

    Si eres capaz de hacer de la palabra gracias una actitud, entonces tu sonrisa encontrará más fácil la forma de darte la mano en el camino, y tú sentirás su compañía… pero no sólo eso, la gente notará tu cambio y obtendrás beneficios tangibles… a lo mejor tus amigos te empiezan a llamar más porque ahora, en vez de decirles “tío no llamas nunca, así que, ¿qué diablos quieres ahora?”, les dices “¡¡Cuánto tiempo… qué alegría!!!”… o tus hijos, al ver que te tomas a risa sus desastres, se atreven a confesarte algún secretillo, y acabas sintiéndote más unido a ellos…

    Yo no sólo creo lo que os digo, lo he comprobado por mí mismo… no me quiero vender como el tipo más positivo del mundo; tengo mis miserias y la mierda la lavo y la lloro en casa, pero creedme que esto funciona… ¿Y qué hay de la palabra, por favor? Esa palabra, convertida en actitud, implica empatía y respeto… Si tenemos esa actitud, aprendemos a entender cuándo es el momento de pedir algo, y cuándo -en justicia- debemos comernos el marrón nosotros solitos, e incluso cuándo no sería justo ni tan siquiera pedir ayuda, sino que –más bien- deberíamos ofrecerla.
    Esta actitud, no sólo nos hace más considerados, lo cual es positivo para los demás, sino que –con el tiempo- la consideración se da la vuelta y la gente aprende a decirnos que sí, de lo cual se obtiene también un beneficio tangible. Si no llegamos tan lejos, al menos aprendemos a entender que, a veces, aunque no obtengamos la ayuda que necesitamos, no tenemos que frustrarnos por ello, sino aceptarlo de buen grado…

    Y la palabra perdón, es quizá la más mágica de las tres, aunque no puede ser una actitud diaria, sino más bien un recurso puntual del que no avergonzarse cuando sea necesario tirar de él para poder mantener la cabeza bien alta y la conciencia tranquila. Todos conocemos casos de malos entendidos que han separado amigos de la infancia, parejas, hermanos, o incluso destrozado familias enteras. Y todo porque nadie ha sido capaz de decir, “es verdad, yo también la cagué”… curiosamente, somos tan necios y cerriles (casi todos) que pensamos que quien pide perdón primero es el que juega el papel de blando o de débil sin carácter; cuando es totalmente al contrario: Es la cobardía la que nos lleva a no atrevernos a pedir perdón. Definitivamente, el primero que pide perdón es el más valiente, y disculparse es todo menos humillarse. Al contrario, es hacer lo necesario para poder seguir viviendo sin ser responsable y culpable de una situación vergonzosa y humillante.

    Pues bueno, aquí lo dejo… se ve que la Navidad me ha vuelto místico… pero creo que aquí hay más oro que en las arcas de muchos brokers (es broma, no soy tan soberbio… : ) )

    Nos vemos pronto, tenía que felicitaros el año de algún modo y pensé que recomendaros estas tres “palabras mágicas” podia ser una sencilla y positiva manera de empezar…

    Un abrazo a todos, gracias por leerme, perdón por mis filosofadas baratas, y por favor, por favor, no renunciéis nunca a vuestros sueños :)

    Marcelino